Feliz Novedad 08/01/2016

Toda ciudad encierra un alma bisutera a la que cada cierto tiempo tiene que airear. Todo cuerpo no es acaso sino un alma donde infinitas ciudades se maquillan en secreto y salen a pasear para encontrarse con la vieja costumbre de las sorpresas cada vez más gastadas. No hace falta ser Mr. Scrooge para componer muecas de hastío con los malos cuentos de navidad ni conviene tampoco caer en el escepticismo profesional del dogmático inconfeso. Basta con dejarse llevar por el deseo inseparable de cada uno de nosotros de enmascararse y sacar a relucir la máscara navideña cada vez que nuestra ciudad interior reclame una mano nueva de pintura y el encendido de nuevas luces con las que distraerse. Basta celebrar la puntual forma con que se desata el nudismo botánico cada vez que los bosques se despojan de sus hojas y a los abetos les cuelgan bolas. Descorchemos la efervescencia de huida al final de la cual cabe la posibilidad de que nos demos de bruces otra vez con nosotros pero sin reconocernos. Calcémonos zapatos nuevos porque el camino es tanto aquello que se recorre como el modo en que se recorre. Culminemos la incierta ilusión del año que termina anudándola con la dudosa probabilidad de un año que empieza; hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, oh, tú, azar de las risas volanderas que cada vez que nos regalas un destello de bienestar nos haces sentir como un niño con zapatos nuevos. ¿Y por qué no? Felices ascuas a todos los que vayan a arder en deseos.